
A ver, a ver, tomando aire, respira uno, dos, tres
...(sin comentarios)


Seré, quien todo lo dió por triunfar,
dejando su vida al pasar,
hecha pedazos,
seré, un sueño que sí se cumplió,
un potro al que nadie domó...
sólo los años.




(Imagen: Facebook- El Otorongo)Pero mira lo que son las cosas.
No fue uno, ni fueron dos, (que te perdone yo que te perdone, lalala) fueron 7 horazas las que el desubicadito René Pérez, autoapodado Residente, y su compadre y la hermana que a nadie le importa cómo se llaman pero responden al mote de Visitante y PG-13, tuvieron esperando a un estadio a reventar aguantándose el sueño y la pichi (habemos los que no nos gusta utilizar otro water que no sea el nuestro, y menos un Disal) a que se dignaran a aparecer ladrando esas cancioncitas que, estoy convencido, sólo el 20% del aforo se sabía enteras.
Para cuando Pérez y sus secuaces ya habían cruzado migraciones en el Jorge Chávez, Lima ya llevaba horas despachándose de lo lindo, a través de la red social del pajarito, con el hashtag #medemorocomocalle13, que lanzó buenísimos ejemplares que deberían tomarse en cuenta si alguna vez se quiere hacer una recopilación de lo más notable desde que se inventó las frases con michi delante. Tomando en cuenta la otra hora que se demoraron en dejar todo como cañón para saltar al escenario, el buen René debió aprovechar en revisar su Blackberry (mira tú lo anticonsumista que nos resultó el muchacho) y caer en cuenta que debían llegar mansitos, excusándose (así no tuviesen la culpa del retraso, porque en orden de inocentes el público encabezaba la lista) y dispuestos a tocar por lo menos la mitad de la cantidad de horas que se hicieron esperar.
Ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero. "Qué me paren la música cabrona", ay como se puso la cosa; "vamos a hacer algo", mira, contigo me la pensaría; "estamos en familia", demórate un poquito causa, ya quisieras; "nosotros no hemos dormido en tres cabrones días", oye, hijito, ¿te cuento yo mi vida? porque también da mucha pena; "yo no soy Luis Miguel, ni soy Shakira, ni he estado en ningún cabrón jacuzzi agarrándome las bolas", pues no, porque aunque no me gusten vale reconocer que alguito si cantan, no como tú que lo único que haces es rimar cojudeces a raudo ritmo digno sólo de algún apretón de bolas en un cabrón jacuzzi; "yo he ido a Venezuela para decirles a esos presidentes por qué Puerto Rico no es parte de esta cumbre", y como diría Guajaja ¿a mí que chu?; "le doy las gracias a quienes quisieron estar, los que se quieran ir que se vayan al carajo”, ah no, ¿A dónde me mandaste? Agárrenme que me subo; "y el que tiene algún problema, tiene la tarima abierta, que se trepe aquí como un hombre y que me lo diga a la cara", bueno, eso de 'como un hombre' lo tenemos complicado, pero, a ver, ¿por qué no te bajas tú, ah?, ya ves, ¿no que muy machito?.
No pues, mira lo primero que te dicen y lo primero que haces. Me voy a poner de apellido Favre y te voy a aconsejar para cuando se te presente algún problema similar mi querido Residente. Primero, te hubieras tomado un par de Red Bulls al bajar del avión para no venir con tu excusa de los días sin dormir, porque ese insomnio no es ad honorem, mi estimado. Segundo, apenas salías del aeropuerto te enrumbabas a San Marquitos que la tenías a un paso (y encima no tenías tráfico), entrabas, y con las mismas te subías al escenario a pedir perdón (y ya te dejé clarito que me importan tres Chávez, dos Morales y un Correa que la culpa no fuese tuya). Hechas las disculpas del caso, pasabas a explicar que se tomarían un tiempito más en preparar los equipos para empezar tu show y así te ahorrabas el llaverazo que provocó tu payasada. Cuarto, me dejabas de lado tu rollo "yo quiero que mi país, bla bla bla", porque no estabas llegando a un mitin y por acá los peruanos ni tenemos la culpa ni tenemos la obligación de solidarizarnos con tu causa, por más de acuerdo que podamos estar con ella. Quinto, dabas el mejor concierto de tu vida, no sólo en calidad (que a decir de los presentes hay que reconocer estuvo casi a la altura) sino en duración, porque había un montón de gente que incluso hizo cola desde las dos de la tarde y se merecía salir afónica, con las piernas destrozadas, una sonrisa en la cara y un "putamadre, qué paja". ¿Apuntaste? Good boy (así, en inglés, pa' que te arda).
Oye, ¿en qué cabeza cabe el cantar en dos lugares la misma noche? O sea, ni que fueran el Grupo 5 ó Tula Rodríguez cuando revolvía sus mondongos por toda la periferia capitalina. ¿En qué cabeza cabe cantar en dos países la misma noche? Ah, cierto, en esa cabeza pelada que ha construido un discursito pseudosocialista que, oh, casualidad, lo celebran y repiten, en su mayoría, quienes no tienen ni puñetera idea de lo que eso significa. Esa misma gente que la madrugada del domingo les aplaudió la gracia, no les exigió una disculpa ni le pararon la evidente malcriadez que se evidenció aun más (y vale la redundancia) en un twett envíado después del concierto, donde el señorito Pérez daba a entender que el show "prácticamente fue gratuito", como diciendo 'y encima se quejan'. Esa misma gente que no tuvo las bolas (esas mismas que René jura no se agarra en los cabrones jacuzzis) para obligarlo a pedir perdón en el escenario y no por twitter después del concierto. Esa miiiisma gente que no entiende (porque la cabeza no le da) que los chicos estos no lamen el poto a Obama porque prefieren meter las narices en el de Chávez. Borregos que repiten su grito de "revolución" y festejan el hacerle la guerra al modelo que hace cada día más pobres a un sector latinoamericano que supuestamente quieren reinvindicar a través de su música, pero al que indirectamente sucumben haciéndose famosos con temas elaborados por la industria y sonriendo para la foto con megáfonos de trofeo que los meten de cabeza al sistema, aunque insistan en negarlo.
Su música me vacila. La bailo, la repito, la coreo, pero no me la tomo en serio. A mí no se me convence viniendo a grabar un video con una ministra, un caballo y dos bueyes. A mí no se me convence pregonando un discurso con el que no se es consecuente. ¿Por qué yo no puedo comprar el viento, el sol, la lluvia, el calor, pero si una entrada para un concierto que tendrá un retraso de siete horas por el que no se pedirá perdón?
Gracias a los que lo entienden, Residente. El resto, que se vaya pa'l calajo.



Y en los que parecen ser los capítulos finales de la telenovela "Perdido en el Colca", empieza a tomar rol protagonista una marea humana que, golpeándose el pecho y mirando al cielo, empieza a pedirle a Diosito una de dos: que el galán del culebrón, Ciro Castillo Rojo, aparezca diciendo que no estaba muerto sino que andaba de parranda, o que la malvada de la historia, Rosario Ponce, vaya a parar con todos sus huesitos y su pollo a la brasa a la mera cárcel.
Cuando creí que ya estaba curado de los enlatados importados de la tierra del mariachi, me aparece semejante aventurita con sello nacional que, lejos de entretener, me está empezando a hartar. Y es que al igual que tú, el de allá y la de más allá, comprendo y me sumerjo en la impotencia cuando veo a la mamá del buen Ciro implorando que por lo menos le devuelvan el cadáver de su retoño. Entiendo la frustración del padre al pasarse días de días gritando en las montañas con la esperanza de recibir otra cosa que no sea el eco de su propia voz. Comprendo a los amigos y a la gente que siente el drama como propio, pero lo que me resulta un señorón disparate, es tratar de meterle matices de thriller terrorífico y psicológico al guión del mismo sin que nadie nos haya pedido que metiéramos la cuchara.
La pregunta, para mí, es simple: ¿Con qué derecho se siente tanta gente de juzgar a Rosario Ponce? ¿De dónde saca tanto periodista mequetrefe conclusiones aspirando a convertirse en sentencias? No intento ponerme de abogado del diablo, pero resulta ridículo creer que sólo se contemplan como opciones el que aparezca vivo o que la muchachita lo haya mandado derecho a la otra.
Sólo en el Perú somos capaces de sacar nuestra indignación barata derivada de la lástima, cuando vemos a alguien llorando e implorando a los ángeles y arcángeles que se haga justicia. Si te quedas callado (digamos, si fuera el caso, por tener tu conciencia limpia) eres malo, malo, malo. Mentiroso y malo. Cara de loco y malo.
Y tenemos varios ejemplos. El clan Fefer jalándose de las mechas. Apoyar al hermanito figuretti (con su dolor y todo, absolutamente respetable, que no quede duda) es estar del lado de la verdad. Gritar como locos "Arielcito dignidad" al dizque bailarín y "machonas asesinas" al par que está esperando en Santa Mónica, es lo justo. Ellas mataron a Doña Miriam, no se hable más del asunto. Qué pasaría, digo yo, si mañana se comprueba que no fue así y que quien realmente está detrás de todo el rollo es el chico con nombre de detergente. ¿Qué dirían los dueños de todos los dedos acusadores? Porque así como él, y medio Perú secundándole la gracia, supone que las autoras intelectuales son su sister y su "amigui", ¿Por qué no podría la otra mitad del Perú y yo, si nos provoca, creer que la tortilla está quemada del otro lado?.
Ahora, nada está dicho. Hay casos y casos. El verano pasado todititos vimos como Elizabeth Espino lloraba a moco tendido en el entierro de su mamá, y después a su ex enamoradito saliendo en todos los medios, bien al pelo engominado, a manifestar su indignación por quererlo perjudicar señalándolo como sospechoso en el homicidio. La mayoría se cayó de poto cuando, unos días más tarde, ambos aparecían esposados junto a otro de sus chocheras que resultó cómplice, con una sonrisita cachosa que mostraba de todo menos arrepentimiento. Muchos fuimos incapaces de encontrar una justificación razonable a semejante muestra de cinismo, pero muchos también lloraron y patalearon con Elizabetcita cuando la vieron botar su lagrimón vestida de luto.
En todos los ejemplos queda algo más que claro y que es finalmente a lo que quiero llegar. No podemos apresurarnos a sacar conjeturas sólo por alimentar más y más el morbo, porque ninguno de nosotros estuvimos en el momento en que dichas desgracias ocurrieron. ¿De dónde saca la gente cara para gritar "asesina" como quien pide tamales un domingo en
¿Por qué exigirle a Rosario Ponce que aparezca llorando y pidiendo desesperada, cual Thalía buscando a su Nandito, que encuentren a Ciro? Es tan cómico ver como muchos aseguran con voz tajante "está mintiendo" y ponen como principal argumento: "pero mira sus gestos, como mueve las manos, como pestañea, eso la delata". Muchos se aclaran la garganta y muchas se sostienen las perlas diciendo que así como actúa
No conozco a los Castillo Rojo, ni a los Ponce, ni a los Fefer, ni a los Espino. Soy un peruanito común y corriente que trata de ponerse en los zapatos de todos. Entonces digo, ¿y si en vez del de Rosario fuera nuestro nombre el que apareciera cuatro días seguidos en portadas de periódicos adornados de indirectas que gritan silenciosamente "asesina"? ¿Y si fuéramos nosotros los señalados y tachados de locos, insensibles y criminales? ¿Y si fuéramos inocentes? ¿Y si mañana (ya que tú supones, yo supongo, todos suponemos) aparece Ciro y nada hace indicar que se trató de un crimen? Estoy casi seguro que pocos se atreverían a decir que esta historia no respondió a un crimen pasional, sino quizá a la irresponsabilidad de dos jóvenes (no unos niños) que se excedieron en su afán de querer jugar al Indiana Jones. A muchos nos falta entender aún que hay daños enormes que no se enmiendan sonriendo y diciendo: "ups".



Facundo cabral